Tras años al frente de Los Acordes Rotos, Samu da el salto al formato en solitario con El Tiempo Se Nos Va, un disco autoproducido durante dos años que mira de frente a la madurez, la infancia y los recuerdos. Lejos de las urgencias del pasado y con el poso que da la experiencia, el artista manchego nos habla de este nuevo viaje musical, un refugio íntimo donde la creación se convierte en puro placer y la nostalgia cede el paso a la aceptación.
P – Has dicho alguna vez que pensabas bajarte de la música al llegar a los treinta. ¿Qué ha ocurrido para que, en lugar de dejarla, hayas terminado haciendo tu primer disco en solitario?
R – Yo creo que la necesidad de seguir haciendo canciones. Al final, es algo que no puedo evitar. Sí que noto que ahora hago las cosas más por puro placer y dejándome llevar por lo que me pide el cuerpo en ese momento, más que buscando algo o intentando fabricar una canción en concreto. A partir de los 30, lo que he hecho es empezar a disfrutar de la música plenamente sin mirar los datos ni esperar resultados.
P – ¿Qué tiene El Tiempo Se Nos Va de Samu que quizá no podía existir dentro de Los Acordes Rotos?
R – En Los Acordes siempre buscábamos canciones un poco más similares al estilo que ya tenía la banda. En este caso, ha entrado todo lo que me ha apetecido, y lo seguirá haciendo. En el caso de El Tiempo Se Nos Va, las canciones son más personales, nostálgicas, que igual no podrían haber entrado tanto en la banda por ser demasiado íntimas. Pero tampoco descarto que, si salen cosas más cañeras, hacerlas también en este proyecto. Al final, uno tiene su alma punki por ahí.
P – Has autoproducido el disco durante dos años. ¿Qué has aprendido de ti mismo durante ese proceso?
R – Cuando te encierras en el estudio a darle vueltas y vueltas a las canciones, siempre es un aprendizaje constante. Es algo que me encanta: cuando crees que la canción va por un lado y de repente, cuando le metes una batería, te pide totalmente lo contrario, o viceversa. La creación es lo que más me apasiona de esto y creo que, si algún día por algún motivo dejo de hacer directos más asiduamente, seguiré haciendo canciones y produciendo por gusto personal y diversión.
P – El álbum mira mucho hacia la infancia, el pueblo y los recuerdos. ¿Por qué necesitabas mirar atrás precisamente ahora?
R – Surgió así, sin buscarlo. En muchas ocasiones escribía versos que no sabía a dónde iban y luego les encontraba el significado y seguía tirando del hilo. Es algo que me gusta; siempre me ha costado escribir sobre este tipo de cosas y, de repente, algo en mi cabeza ha cambiado y sale solo. Supongo que será la edad y la perspectiva.
P – ¿Hay alguna canción del disco que te haya costado especialmente escribir porque habla de algo demasiado cercano?
R – Al hilo de lo que hablábamos antes, hay una canción que tenía pendiente desde hace años y a la que nunca conseguía darle forma. Esa es Jugadas Infinitas. Siempre quise hacer un tema que hablase de mi pueblo, de mi gente, de los veranos con mis amigos, contando la cotidianidad de alguien que se ha criado en un pueblo de La Mancha, pero de manera más abstracta y poética. Y siempre que lo intentaba me salían bodrios muy evidentes. Cuando tenía este tema a la mitad, supe que la había encontrado, y tardé un poquito en terminarla con mucho mimo, siendo consciente de lo especial que era para mí.
P – El Tiempo Se Nos Va habla de crecer, echar de menos y aceptar que algunas cosas ya no vuelven. ¿Has escrito el disco desde la nostalgia o desde la aceptación?
R – Yo creo que más desde la aceptación, pero con ciertas miradas a la nostalgia por el retrovisor. Creo que llega un momento en el que te das cuenta de que aquellos problemas que tú veías que eran de «mayores» te están afectando a ti personalmente, y empiezan a surgir estos recuerdos, conversaciones con tus amigos… Todo este batiburrillo creo que ha hecho que mi cabeza se centre más en este tipo de temas al ponerme a escribir.
P – Si pudieras sentarte cinco minutos con el Samu que publicó el primer disco de Los Acordes Rotos en 2017, ¿qué le dirías?
R – Puf, creo que muchas cosas. Sé paciente, sé un poquito más «echado para adelante» en algunas cosas y no te fíes tanto de algunos en otras. Pero creo que sobre todo le pediría que disfrutase más del momento. Soy una persona muy metódica y, sobre todo en los conciertos, si hay algo que no está del todo bien —ya sea técnicamente o físicamente—, me cuesta mucho centrarme en lo realmente importante… Y creo que ahora empiezo a disfrutarlo más, pero al Samu de hace 10 años le quedaría pendiente ese asunto.
P – Después de tantos años, discos y conciertos con Los Acordes Rotos, ¿qué ha cambiado en tu manera de entender la música y qué sigue exactamente igual?
R – Pues creo que hemos cometido errores de querer parecerse a X, o hacer algún tema con ideas de que suene a Y. Eso ahora mismo no me importa; ahora lo más importante son las canciones, salgan como salgan, y el vestido que les pongo a la hora de producirlas es el que en ese momento me apetece y me pide la canción. Ya no veo la música como una urgencia ni como ese hambre; ahora solo lo hago por el mero hecho de pasarlo bien con ello, porque es una necesidad de la que no me puedo desprender.
P – ¿Qué canción del disco te representa mejor hoy y por qué?
R – Te diría que Jugadas Infinitas, por todo lo que te he contado antes. Ahora mismo es la canción que más me enorgullece haber hecho.
P – Si dentro de diez años vuelves a escuchar El Tiempo Se Nos Va, ¿qué te gustaría recordar de la persona que eras cuando lo escribiste?
R – Creo que me gustaría recordar que hice las cosas de verdad, lo que en ese momento me pedía el cuerpo. Retrata muy bien el estado en el que me encuentro en la actualidad; esta mentalidad me ha ayudado a reconciliarme con momentos, personas, y sobre todo he aprendido a mostrarme como soy en las canciones, cosa que antes me resultaba muy pudoroso. Así que si en 10 años viese al Samu actual, me gustaría ver que es una persona feliz y coherente con lo que hace. Aunque lleno de errores, siempre intentando buscarles la lógica, aprendiendo y solucionándolos de la mejor manera.








